No sé cómo será en otros marcos culturales, pero en el que yo me he criado, es muy común cantar a los niños canciones con ritmicas ‘chundachunda’. Canciones con una percusión propia de las marchas militares, envuelta en armonias infantiles.
Es algo normalizado, que convive en nuestro inconsciente. Tanto es así, que cuando nos inventamos melodías animadas de niño o de adultos para niños, la ritmica, de forma ‘natural’, nos sale militar.
Los tambores y la fanfarria están sutilmente de fondo, omnipresentes, en todas esas iniciativas motivacionales.
¿Cuál es el sentido original de esos ritmos movilizadores? Su objetivo era mover y animar, henchir los pechos de los guerreros, para morir, si es necesario,con orgullo y alegría, en la batalla.
No digo que todas las canciones infantiles contengan el mismo patrón. Lo que sí señalo es la presencia de esa peculiar y concreta ritmica.
¿No hay otro tipo de ritmos que no invoquen lo marcial? ¿No puede uno ponerse en marcha sin que la marchuki sea militrochista?
El cerebro infantil aprende a automotivarse y a dinamizar al resto haciendo uso de ese tipo de rítmicas. La música, la estética, la inspiración, conllevan la siembra cultural directamente relacionadas con su origen y la necesidad sociocultural que cubren.