Las enfermedades contagiosas no existen.

Ahm… ¿cómo se me ocurre decir semejante tontería? Todo el mundo sabe que LA CIENCIA ha demostrado, desde hace más de un siglo: que las enfermedades son fruto de los hongos, bacterias y virus. Por lo que, si esos microbios patógenos se nos vienen encima, nos pueden causar enfermedades…Amén.

Sin embargo… ESTO NO ES ASÍ. (Heregía is coming)

No me importa quedar como un ridículo estúpido creyente en la pseudociencia. Es necesario señalarlo, y que haya oportunidad de pensar de otra manera. Otra visión que no pertenezca al paradigma convencional instaurado por Pasteur y sus secuaces.

Veamos: todos llevamos con nosotros esos microbios «peligrosos». Resulta que, a veces, en ocasiones, se ponen agresivos y nos joden. Así es, amigues, si tenemos «las defensas bajas», nos joden inevitablemente…

Pues no es así.
Los microbios forman parte de un ecosistema, en el que los seres vivos y microbios formamos una unidad. Los microbios cumplen una función biológica, en ciertos procesos que, en ocasiones, se desencadenan en nosotros.

Es decir, no es algo azaroso, en un marco de batalla, en el que, si tienes la mala suerte de no cumplir, con ciertos requisitos -que nadie conoce a ciencia cierta- eres atacado por una serie de bichitos maléficos que pueden acabar con tu vida, a no ser que los mates tú a ellos primero.

No hay una separación, en este sentido. Los microbios hacen su trabajo, cuando corresponde, de acuerdo al resto del organismo del ser vivo.

Ejemplo: llega un escalón de frío, de repente bajan las temperaturas y toca vivir, si no logramos evitarlo, una situación que, a algunos de nosotros, nos incomoda, no queremos vivir: pasamos frío. Un frío que no es agradable, que no queremos respirar, que no queremos sentir en nuestras narices, que no queremos tragar, que no queremos digerir.

Un frío que debemos, sí o sí, sentir en nuestras fosas nasales, que afecta a nuestras mucosas nasales. Un frío por el que debemos pasar sin más remedio, o que, mejor dicho, debe pasar a través nuestro, de nuestra garganta, que debemos, literalmente, tragar.

Un frío que provoca situaciones realmente indigestas, situaciones en las que nos encontramos sin otra salida que aguantar, esperar a que se pase, «aclimatarnos», lograr estar en un ambiente en el que no debamos, por imperativo natural, vernos obligados a digerir esa situación.

Se ha visto lo que hice, ¿no? Acabo de nombrar choques biológicos relacionados con el frío y diversas maneras de vivir, conflictivamente, esas situaciones. Suficiente, todo ello, para entender que el cerebro, en estas situaciones, de forma sincrónica, al mismo tiempo, altere los tejidos que, en cada caso, funcionalmente, se ven afectados.

Si no nos gusta cómo huele cierta situación friolera, si no nos gusta, no queremos, rechazamos, nos agrede, nos desequilibra el frío en la nariz, con esa mucosa acostumbrada a estar cálidamente en su area de trabajo, pues, en efecto: es necesario reforzar toda esa zona, se modifican esos tejidos, y, sí, amigos, las bacterias correspondientes realizan su labor.

Idem garganta, idem estómago. Todo depende del sentir. Un sentir no emocional. EN NINGÚN MOMENTO ESTOY HABLANDO DE EMOCIONES. Hablo de un sentir técnico, biológico, relacionado con la supervivencia estable. Un sentir, un detectar, un interpretar una situación como desequilibrante. Que los tejidos puedan realizar su función con normalidad.

Volvamos al inicio: hay una fase, en la que el ser vivo, íntegramente, (cerebro, psique, tejidos; la unidad) vive, interpreta, siente que lo que vive,está desequilibrando su supervivencia. Por un evento, muy concreto, en un instante concreto. Esta situación conflictiva, en términos biológicos, dura, lo que dure, lo que tarde en ser resuelta.

Volviendo al ejemplo, esta primera fase, del llamado ‘programa biológico’, (vayámonos ya olvidándonos del concepto antiguo de ‘enfermedad’), esta primera fase, digo, es una fase de estrés que afecta al sistema nervioso simpático. PORQUE TODO NUESTRO SER BIOLÓGICO INTEGRAMENTE se vuelca en lograr resolver para no estar en conflicto, a saber, siguiendo el ejemplo: respirar ‘demasiado’ frío.

En esta primera fase, las bacterias se multiplican, no hay aparente sintomatología, pero en cuanto es posible, comienza la segunda fase. Y ¿cuándo es posible pasar a la segunda fase del programa biológico? Cuando ya no hay conflicto, cuando por ejemplo, nos tapamos la nariz con una bufanda. Sentimos calor. Ya no hay conflicto, se incia la segunda fase, cambia la onda del sistema nervioso autónomo, es el turno del modo parasimpático: cansancio, fiebre, dolor de cabeza, mocos. Los famosos síntomas que todo el mundo conoce. famosos síntomas que por ley natural son siempre precedidos de la primera fase antes descrita.

Las «enfermedades», los programas biológicos, tienen siempre entonces dos fases. Una fría, simpacotónica, para resolver el conflicto biológico. Y una segunda fase caliente, parasimpaticotónica, regenerativa, en la que el ser vivo retoca los tejidos que han sido necesarios alterar con el fin de cunplir su función biológica.

El punto es que, siguiendo el ejemplo de la nariz, su mucosa, el frío, no querer percibir ese frío…. sucede otro tanto cuando no se trata de capturar un bocado de ‘frío’. Sino un olor que no terminamos de reconocer, nos produce desconfianza, no queremos oler, rechazamos tener que olerlo, nos encontramos en las mismas: nos encontramos ante una situación en la que debemos oler sí o sí un olor concreto, o tratamos de captar, atrapar, comprender, una situación que «no nos huele muy bien».

Pues de nuevo se activa la maquinaria biológica, el programa biológico. Primera fase, estamos en conflicto, relacionado con el olor. Llega un momento en que, por ejemplo, entendemos qué sucede, o nos acostumbramos al olor, ok, fin del conflicto. Comienza la segunda fase. Reparación, igual un simple estornudo. O si el choque biológico fue muy continuado o intenso, sinusitis.

Muy bien, la pregunta del millón: ¿en qué momento en los procesos descritos, los microbios son los causantes de la ‘enfermedad’? En ninguno.

¿Y las pandemias? ¿Y cuando se informa de que hay un virus que propaga, por ejemplo, la gripe? ¿O cuando enfermamos todos en casa?
Cuando llueve, llueve para todos, pero no todos se mojan. La lluvia no se va contagiando de unos a otros. Pues bien, siguiendo con el ejemplo, cuando hay una bajada considerablemente de las temperaturas, hace frío para todos. Entonces es cuando dependiendo de cada caso concreto, cada persona conflictuará o no.

Que mi pareja sienta un frío desagradable no significa que yo lo esté sintiendo. Si mi hija pasa por ello, tiene una fiebre alta, me preocupo, me desequilibra mi propia supervivencia, me identifico, puedo llegar a replicar el conflicto biológico.

Cuando tomamos cualquier tipo de antibiótico o nos vacunamos estamos interfiriendo en un proceso natural con sentido biológico. Anulamos los síntomas que no deseamos vivir, pero el proceso debe suceder, ya que ante una alteración del tejido, es necesario regenerar ese tejido.

Entendemos que sea necesario hacer obras en casa, pero no queremos que se llene todo de polvo, que sea ruidoso, que vengan los albañiles, no queremos las molestias pero sí entendemos que necesitamos hacer obras en casa. No es un planteamiento correcto.

Hay casos en los que las fases del programa biológico, en determinados casos, son muy agudas, tanto, que nuestra vida corre peligro. Ok, tiene sentido intervenir. Modular, suavizar. Lo que no tiene sentido es tratar de evitar, quitar por completo de la ecuación una sintomatología que forma parte integral de un proceso natural con sentido.

Entonces, las enfermedades contagiosas no existen. Existen distintas sitiaciones que pueden, o no, ser conflictivas en términos de supervivencia estable. El organismo responde, con el objeto de dejar de vivir esa situación conflictiva y luego retoca los tejidos involucrados para finalmente volver a la normalidad.

Estas situaciones conflictivas pueden afectar a varias personas a la vez, en distintos tiempos, y distintos números de personas.
Los microbios forma activa de estos procesos naturales. No hay ninguna batalla, ni los microbios nos declararon la guerra.

Dependiendo del tipo de conflicto biológico, los tejidos funcionales involucrados, pues así estarán en activo la correspondiente microbiología.