Un pendrive no tiene, en sí mismo, energía eléctrica. Pero, dentro, puede contener una actualización del sistema operativo de nuestro ordenador (célula). Esa actualización, por sí misma, carece de sentido, es un paquete de datos construido para implementarse dentro del sistema operativo de nuestro ordenador. Entonces, buscamos un puerto usb de nuestro ordenador y cuando damos con el orificio, ahí podemos penetrar con nuestro pendrive, (todo muy sexual, sí). Gracias a la conexión eléctrica, y si todo está bien programado, nuestro sistema operativo detecta el contenido del pendrive y esa nueva información hace su trabajo, es utilizada por el sistema operativo. Es decir, el pendrive no estaría «vivo», ni contiene nada «vivo» dentro de sí. Imaginemos que el ordenador sí está vivo, y que el sistema operativo sí está vivo y, gracias a ello, todo funciona. La actualización del sistema operativo es posible. El punto es el siguiente. Hasta ahora, siguiendo con la analogía, hemos creído que esos pendrives, presentes en los procesos informáticos de nuestro ordenador, son los causantes de esos procesos especiales que «vive» nuestro ordenador. Y hemos llamado a esos pendrives, «virus». Lo que no sabíamos, es que nuestro ordenador, el cual forma un tejido al estar conectado con otros ordenadores, como una red, a la que llamaremos intranet, no es atacado por un código malicioso que perturba el equilibrio del sistema estable. Los pendrives «virus» no eran proporcionados por algo externo a nuestra intranet (nuestro cuerpo). Esos pendrives son generados por el propio sistema de ordenadores que conforman nuestra intranet. Y son parte del proceso para recuperación del equilibrio de nuestro sistema. No son la causa directa de la desestabilización. Vamos a dejar de llamarlos virus, empecemos a llamarlos exosomas. Y busquemos cuáles son las causas reales de las alteraciones de nuestros cuerpos, y cómo el tema es urgente, os señalo dónde buscar: HAMER.
Imaginemos un pendrive. Un pendrive no tiene, en sí mismo, energía eléctrica. Pero, dentro, puede contener una actualización del sistema operativo de nuestro ordenador (célula). Esa actualización, por sí misma, carece de sentido, es un paquete de datos construido para implementarse dentro del sistema operativo de nuestro ordenador.

Entonces, buscamos un puerto usb de nuestro ordenador y cuando damos con el orificio, ahí podemos penetrar con nuestro pendrive, (todo muy sexual, sí). Gracias a la conexión eléctrica, y si todo está bien programado, nuestro sistema operativo detecta el contenido del pendrive y esa nueva información hace su trabajo, es utilizada por el sistema operativo.

Es decir, el pendrive no estaría «vivo», ni contiene nada «vivo» dentro de sí. Imaginemos que el ordenador sí está vivo, y que el sistema operativo sí está vivo y, gracias a ello, todo funciona. La actualización del sistema operativo es posible.

El punto es el siguiente. Hasta ahora, siguiendo con la analogía, hemos creído que esos pendrives, presentes en los procesos informáticos de nuestro ordenador, son los causantes de esos procesos especiales que «vive» nuestro ordenador. Y hemos llamado a esos pendrives, «virus».

Lo que no sabíamos, es que nuestro ordenador, el cual forma un tejido al estar conectado con otros ordenadores, como una red, a la que llamaremos intranet, no es atacado por un código malicioso que perturba el equilibrio del sistema estable.

Los pendrives «virus» no eran proporcionados por algo externo a nuestra intranet (nuestro cuerpo). Esos pendrives son generados por el propio sistema de ordenadores que conforman nuestra intranet. Y son parte del proceso para recuperación del equilibrio de nuestro sistema. No son la causa directa de la desestabilización.

Vamos a dejar de llamarlos virus, empecemos a llamarlos exosomas. Y busquemos cuáles son las causas reales de las alteraciones de nuestros cuerpos, y cómo el tema es urgente, os señalo dónde buscar: HAMER.