Como Don Quijote, que tenía manía persecutoria, pues las cosas no le salían como quería, los investigadores siguen culpando a unos organismos o restos genéticos de ser los causantes de ciertas enfermedades. Ese empecinamiento bélico, patriarcal, que proyecta una alucinación de ataque fruto del choque e incomprensión de la realidad. La naturaleza es mucho más amable y aliada de como nos cuentan, sin embargo proyectamos ese trauma en la comprensión biológica y buscamos culpables, queremos ver los diablos que nuestra ignorancia frustrante fabrica. No existen los virus. Son una creación machista. De un empoderamiento de hombres de pseudociencia sin escrúpulos que no buscan la verdad sino la imposición violenta. Nosotros decimos que ese es el enemigo y lo llamamos virus y aquí lo tienes microfotografiado. Ataquemos. Mientras que las enfermedades son procesos de retorno hacia lo armónico. Precisamos de una mirada de mujer, mujer madre, si queremos comprender la biología de la enfermedad. Una mirada comprensiva y amorosa, que nos permite aprender de la naturaleza, recibir el conocimiento, no violar la realidad con nuestro raciocinio frustrado. No existe un mundo diminuto capaz de enfermar pueblos enteros. Existen grandes enfermos capaces de atacar pueblos. La naturaleza busca siempre que cada ser vivo sobreviva en equilibrio constante. Si algo desequilibra, nuestra biología de acuerdo al tejido funcional con ese aspecto desequilibrado, es afectada. Cuando termina el acto que desequilibra, aparecen los síntomas que solemos llamar «enfermedad», síntomas que son para la reconstrucción del tejido funcional previamente desequilibrado. Y ya. No es ninguna batalla entre lo pequeño y lo grande. No existen los microbios patógenos. Esa guerra -no existe.
Como Don Quijote, que tenía manía persecutoria, pues las cosas no le salían como quería, los investigadores siguen culpando a unos organismos o restos genéticos de ser los causantes de ciertas enfermedades.
Ese empecinamiento bélico, patriarcal, que proyecta una alucinación de ataque fruto del choque e incomprensión de la realidad.
La naturaleza es mucho más amable y aliada de como nos cuentan, sin embargo proyectamos ese trauma en la comprensión biológica y buscamos culpables, queremos ver los diablos que nuestra ignorancia frustrante fabrica.
No existen los virus. Son una creación machista. De un empoderamiento de hombres de pseudociencia sin escrúpulos que no buscan la verdad sino la imposición violenta. Nosotros decimos que ese es el enemigo y lo llamamos virus y aquí lo tienes microfotografiado. Ataquemos.
Mientras que las enfermedades son procesos de retorno hacia lo armónico.
Precisamos de una mirada de mujer, mujer madre, si queremos comprender la biología de la enfermedad.
Una mirada comprensiva y amorosa, que nos permite aprender de la naturaleza, recibir el conocimiento, no violar la realidad con nuestro raciocinio frustrado.
No existe un mundo diminuto capaz de enfermar pueblos enteros. Existen grandes enfermos capaces de atacar pueblos.
La naturaleza busca siempre que cada ser vivo sobreviva en equilibrio constante. Si algo desequilibra, nuestra biología de acuerdo al tejido funcional con ese aspecto desequilibrado, es afectada.
Cuando termina el acto que desequilibra, aparecen los síntomas que solemos llamar «enfermedad», síntomas que son para la reconstrucción del tejido funcional previamente desequilibrado.
Y ya.
No es ninguna batalla entre lo pequeño y lo grande. No existen los microbios patógenos.
Esa guerra -no existe.