Si torturas mediante pequeñas y contínuas descargas eléctricas a un grupo de ratas lo que consigues es que se ataquen unas o otras.

Los medios de comunicación, al servicio de la plandemia, sueltan mierda sobre los «no creyentes», y todo aquella persona víctima de la recepción del bombardeo de datos manipulados sobre cifras de muertos falsamente atribuidos mediante fraudulento PCR al Sarscov2, se pone agresivamente en contra de los que no creemos en nada de todo esto.

Con el invento de los asintomáticos y más terrorismo con PCRs se mantiene la psicótica patata caliente para cuando llegue el frío.

En resto de Europa nadie va por la calle con mascarilla, pero es que el inexistente virus es especialmente malvado con los españoles.

La hipnosis es tan fuerte que no importa las miles de pruebas científicas que aportes para demostrar que todo es una mentira.

Habiendo miedo, hay control de masas.

Ese ametrallamiento constante de los medios, el #quedateencasa, los ataúdes, ausencia de autopsias, ancianos vacunados y abandonados con o sin otras patologías, el aislamiento, la obligatoriedad del confinamiento, todas son medidas decimonónicas de control férreo psicológico de masas, y HA SIDO UN ÉXITO.

No somos ratas, somos seres humanos, podemos darnos cuenta, salir de la hipnosis, no atacarnos entre nosotros, sino organizarnos para evitar que nos sigan conduciendo hacia donde se nos quiere llevar: una sociedad robótica, hipercontrolada, un ejercito de currantes consumistas deshumanizados, «desfamiliarizados», sin comunidad, esclavos productores para enriquecer a unos pocos, caiga quien caiga por el camino, muera quien muera por el camino, así se pasé hambre o lo que sea, el objetivo siempre estuvo ahí.

El sentido de lo que nos hace humanos siempre será una flor que rompe cadenas.