Hubo una vez un joven que atrapó una rana, le pareció que estaría muy rica, si la cocinaba antes. Así que el joven puso agua a calentar y cuando el agua rompió a hervir, echó la rana al cazo pero automáticamente la rana saltó y huyó.

Contrariado, el joven se lo contó a su padre, el cual le dijo, atrapa otra rana. En esta ocasión, el padre puso primero la rana en el cazo con agua fría, luego encendió el fuego y puso el cazo, con la rana dentro, en el fuego.

Poco a poco la rana se fue cociendo, nunca sintió que debiera salir del agua, ni si quiera cuando el agua rompió a hervir. Padre e hijo se comieron la rana, perfectamente cocinada.