No estoy desencantado con el anarquismo, estoy decepcionado conmigo mismo por no ser anarquista. Porque lo realista y adulto es ser coherente con lo que uno siente que es lo que uno debe hacer. Porque mi perversión es burgués y mi cinismo, hiriente. Por eso trato de compensar escribiendo verdades por si vomitar estrellas me catapulta unos centímetros hacia ese cielo utópico.
Este pseudoanarcocapitalismo ético que practico es lo más parecido a tratar de no ahogame en mi gran contradicción. Porque siempre hay un detalle, una acción comunitaria, un construir juntos una balsa sobre nuestras heces, que en definitiva, son humanas.
Lo de «la vida no es fácil y uno tiene ya unos años» no funciona. Voy hacia mi oasis familiar y desde ahí seguiré ejerciendo. Porque este sentimiento no es solo mío, a quienes nos pasa, nos consuela, nos lleva a comulgar y realizar acciones que mantienen la luz encendida, sin autoengaño. Nos conocemos.