Decidí no abrirlo aún. Tantas penurias, esfuerzo, energía, desdichas, emociones, descubrimientos, amigos, enemigos, camino recorrido.
En cuanto abriese el cofre, comenzaría un nuevo capítulo. Mientras no lo abriera, este capítulo tan intenso no finalizaría. Claro que voy a abrirlo, pero alargar este momento me encharca de poder, me ofrece la ilusión de control. Yo decido cuándo abrir el cofre.
Sin embargo, el cofre es quien decide, yo solo supe de su existencia, a partir de entonces no hice otra cosa mas que buscarlo. Ahora que ya lo tengo ante mis ojos, ahora que el sueño deja de serlo y pasa a ser realidad, ahora, decido alargar este momento.
Pero, no nos engañemos, este momento forma parte de la aventura del cofre, en realidad, es la historia del cofre quien contiene este momento, no importa lo que estire los minutos sin abrirlo, mi tiempo, mi remolonear, pertencen a la historia del cofre, no a mí.
Levanté la tapa, tomé el papel, y leí en voz alta lo que allí llevaba escrito tantos años atrás: «Por fin, el cofre conmigo»