Pongamos que es cierto, que no es una organizada acción conspiranoica, pongamos que es cierto que diversos laboratorios, sin aparente conexión entre sí, incluso, digamos, laboratorios independientes, analizan muestras de supuestos enfermos de eso que llaman covid y encuentran el supuesto virus y lo secuencian, y resulta que dichas secuencias genéticas coinciden, son las mismas al compararlas entre otras secuencias obtenidas de otros laboratorios.
Ok, digamos que es cierto. Aparentemente la única explicación a esto es que el virus existe, ¿no? Bueno, no tan rápido, forastero.
Pero, ok!: Demos por válido que existe esta común partícula secuenciada, que por añadido pertenece a un tipo de partícula que morfológicamente coincide también con la imagen del virus. El siguiente paso consiste, entonces, en demostrar, de forma clara y directa, que dicha partícula, el supuesto virus sarscov2, es el causante directo de todo ese conjunto variable de síntomas denominado covid.
El punto es que aquí nos golpeamos de bruces con una realidad de la cual apenas se habla. Me explico: correlación no es causalidad, ¿correcto? Es decir, que en un alto o pequeño porcentaje, encontremos presencia genética idéntica a una misma secuenciada en ciertas personas, algunas con ciertos síntomas de eso que llaman covid, otras sin síntomas covid, no sienta conclusión científica alguna.
Siendo más directos, pondremos un ejemplo: encontrar, por ejemplo, como digo, el hongo Cándida en un proceso de candidiasis, en el 100% de los casos, no demuestra que el hongo Cándida sea quien origina la candidiasis. No, señor, no lo demuestra. Correlación no es causalidad.
Sabemos, gracias a Hamer y a otros científicos e investigadores, que el hongo Cándida solo participa en ese proceso llamado candiadisis, pero no es el causante. La causa la encontramos en el choque biológico concreto que activa el programa biológico concreto relacionado funcionalmente con el tejido concreto que en cierta fase concreta genera eso que llamamos candidiasis, gracias a la cooperación, participación imprescindible, del hongo Cándida, en dicho momento concreto -no antes, ni después, ni de forma azarosa.
Todo sucede dentro de un programa biólogico con sentido. No es un mal funcionamiento del organismo, ni en modo alguno la candidiasis es fruto del ataque del hongo Cándida. Lógicamente, si mediante algún biocida, ya sea cds o antibiótico, fungicida, hemos anulado al hongo Cándida, aunque haya choque biológico no puede haber candidiasis, sin embargo SÍ hay alteración de tejidos relacionados, que no van a poder regenerarse por completo: por eso no es recomendable tomar tan a la ligera, como se promueve en la actualidad, todas esas sustancias biocidas.
Pero continuemos.
No existe, en la naturaleza, el contagio. Así que el papel patógeno asignado a esa partícula denominada sarscov2 es un papel falso. No es un caso aislado: ninguna de esas partículas llamadas virus son las causantes directas de sus correspondientes patologías con las que están relacionadas. Todas esas patologías son fases de programas biológicos que se activan por correspondientes concretos choques biológicos.
Entonces, si no existe el contagio, ¿Qué es el sarscov2? ¿por qué está presente, en ciertos casos, con evidente sintomatología asociada al covid, aunque sea una asociación fraudulenta? Porque lo que secuencian todos los laboratorios referidos, estando todos de acuerdo en el mismo resultado, son exosomas.
El exosoma tiene el aspecto visual de eso que hasta ahora se ha denominado virus. Pero el exosoma no tiene característica patógena, su sentido es otro. El exosoma, producido por el propio ser vivo, ya sea planta, animal o humano, es una partícula que participa de procesos de limpieza y comunicación intercelular. Nada que ver con el concepto «venenoso» del inexistente «virus».
Los virus no existen, existen los exosomas. Tampoco existen las enfermedades producidas por virus, existen las fases de programas biológicos que se activan por determinados choques biológicos.