La disidencia consciente, observadora, reflexiva, debería darse cuenta de que el globalismo interviene más allá de los Estados o naciones, que, de hecho, hace uso de estas creaciones geopolíticas para sus intereses.
Si analizamos un poco más, con perspectiva histórica, nos damos cuenta de que estas creaciones que gobiernan pueblos enteros, son creaciones artificiales, no naturales, sino entidades jurisdiccionales llevadas a cabo por unos pocos con el objeto de tener bajo control y explotación el territorio y los habitantes de dicho territorio.
Entonces, la humanidad fue ordenada en corrales, tratada como ganado. Ganado explotado como esclavo, sin, o con, algún tipo de privilegio que equilibre la permanencia estable del sistema.
Desde hace miles de años, los grupos de pastores vieron que lo más útil es que su ganado se sintiera ORGULLOSO de pertenecer al establo en el que le tocó vivir. Orgullo de la tierra, del paisaje y recursos del corral, orgullo de la cultura e idiosincrasia del establo. Llevada esta identificación amorosa cercada por cartógrafos al extremo nacionalista patriótico que conduce a la res a desear tener la oportunidad de morir defendiendo los intereses del patrón cortijero.
Así que veo disidencia tuerta de un ojo, cada vez que leo comentarios en un marco democrático, con representación de partidos, que creen en la utilidad pública de ese concepto denominado «España», o Cataluña, o Andalucía, como posibles territorios que viabilicen la soberanía de sus habitantes.
No hay soberanía posible en grupos acumulados de grupos acumulados de gente. Porque entendemos como normal una estructura logística latifundista, que precisa de unos gestores. Pero que esto sea lo establecido no es sinónimo de natural, ni de que sea un sistema que pueda funcionar en algún momento. No es posible.
Así que todos esos vivas devocionales que siente en su pecho la gente hacia sus corrales son la manifestación de las descargas eléctricas que se transmiten a la humanidad poseída para que se sientan cómodas y de acuerdo con el destino sistémico.
La soberanía es cosa tuya, de nadie más. Y lo que hagas o dejes de hacer, cómo te ganes la vida y ejerces tu libertad es cosa tuya. Eres libre de organizarte con quien quieras para llevar a cabo los proyectos de autogestión que quieras. De la suma de libertades y soberanías de las personas con la que te relaciones surge un consenso natural.
Pero el miedo, la idea de que los humanos no son capaces, no sirven, no pueden autogobernarse, esa idea, esa creencia generalizada, es similar a la idea de que los niños no aprenden ni se desarrollan por completo si no se regula su actividad con una educación escolar, algo que es tan falso como la necesidad de un país para ser personas libres y felices.