«Todo fanatismo es malo». No, a ver, existe un fanatismo bueno, la actividad de la persona que admira a alguien, su obra, lo que dijo. Es seguidor de esa persona, sigue su obra, pero su relación no es «religiosa», ni creyente.
El fanático malo es el que «cree», el que no entiende, no comprende con actitud científica lo que Hamer descubre. El fanático malo es el que lee un par de cosas en un par de sitios relacionadas con Hamer y ya habla de NMG como si fuera persona experta.
El fanático malo es el que no entiende los descubrimientos de Hamer y va divulgando cosas acertadas mezcladas con creencias contradictorias situadas en el paradigma biológico antiguo, falso.
Obsérvese, entonces, que el fanático malo no es malo en cuanto malvado, sino que es malo por distorsionar y divulgar incorrectamente la NMG, por lo que el fanático malo puede ser excelente persona pero anda cometiendo mal servicio al conocimiento biológico.
Degollemos entonces, al fanático malo. Ejem, es broma. ¿Cuántas veces no soy yo mismo fanático malo cuando confundo conceptos, divulgo inexactitudes, aprendizajes incompletos?
Hay que estar atento a lo que se divulga, corregir, rectificar donde uno meta la pata, aprender y continuar con la labor para que las leyes biológicas sigan siendo conocidas y provoquen el tremendo cambio de paradigma que ni imaginamos las consecuencias que traerán para la humanidad en general, más allá, de hecho, del ámbito estrictamente de la salud.