Uno nace y sin preguntar si queremos o no, sin firmar en ningún lado, se nos convierte en «españoles».
Lo que me recuerda al cristianismo, y en concreto al catolicismo en España, donde llegada cierta edad, se hace la confirmación.
Pues igualmente se podría hacer con la personas, llegada cierta edad, o cualquier edad, la persona podría tener la oportunidad de decidir, por voluntad propia, si quiere o no formar parte de esa construcción legal denominada «España».
Separar nación de territorio. Uno puede vivir, como de hecho, vive, en la llamada península ibérica, o en el mundo, y no tener por qué formar parte de esa construcción, con sus derechos u obligaciones.
Y apostatar, en un momento dado, decir, bórrame de ese registro. No renuevo mi carnet de socio.
¿Que hay una seguridad social, unos servicios públicos, ayudas, subvenciones? Pues puede haber acuerdos, o simplemente renuncia a todos esos derechos.
Parece más razonable y libre el planteamiento de la Iglesia que el del Estado. Pues la Iglesia contempla la confirmación y la apostasía. Pero el Estado no.
Entonces, si renuncio, ¿ya no tengo derecho a usar una carretera, o un hospital? ¿Un extranjero no tiene ese derecho?
El enfoque no es el de promocionar el vampirismo, «chupar del bote», el enfoque es libertario.
No me identifica eso de formar parte de un Estado, o nación, pero soy un ser plenamente libre que vive donde quiere vivir, se mueve por donde quiera moverse, y las normas de conducta y trato con los demás pues son las que me dicta mi soberanía, no la ajena.
Esto es responsabilidad, no infantilismo, esto es lo que permite a la humanidad florecer, no un sistema paternalista, que le dice a su hijo cuáles son las normas.
Lo curioso es que ningún estado, ningún país, ningún gobierno de unos pocos sobre unos muchos, puede funcionar.
Porque la naturaleza de la planta es recibir el sol, el agua y la tierra directamente, autorregulando el proceso, sin intermediarios que gestionen este proceso.
Pero el camino de las sociedades, de los pueblos, de las comunidades fue conducido a una mentira psicosocial: que necesitamos un padre que gestione nuestra libertad.
A mi eso me suena a cualquier cosa, menos a libertad.