Los compositores de Ópera sabían que la Obertura, aquel acto inicial que recibiera el público nada más levantarse el telón, debía sobrecoger, abrir los sentidos de la gente, tomar el control del personal y, a partir de ahí, ir soltando los movimientos y conducir al espectador por el paisaje que el compositor desea hacer que transiten.

En el cine comercial sucede lo mismo. Cualquier guionista mediocre lo sabe.

La Obertura plandémica sucedió en los meses de marzo y abril del 2020. Es ahí donde el pico de sobremortandad sube al límite que no va a volver a alcanzarse de nuevo.

Ya no es posible lograr el mismo efecto. Si nos confinan no nos aterrorizamos creyendo irracionalmente que ahí fuera hay un virus asesino que mata por donde pasa, (a la inversa de la muerte de los primogénitos de Egipto), aunque, en esta ocasión, los niños se salvan….

Sin embargo, adultos, no solo ancianos, murieron. Mueren entonces, aunque desde mayo de 2020 no hay sobremortandad en «no ancianos». Pero durante la Obertura sí.

Esta sobremortandad de adultos de marzo/abril 2020 es fruto directo del agudo, altísimo, constante, sobredimensionado choque biológico de «amenaza en el territorio». No fue el 5g, por eso no mueren niños, ni manadas enteras de humanos en barrios o edificios.

Mueren, los que alterados por el choque biológico, entran en el remolino fatal, que les conduce a un protocolo, mayormente iatrogénico, de inicio a fin.

Solo hay que darse cuenta que a los pocos días de implementarse el Estado de Alarma, inicio de la Obertura, arrancan las cifras de sobremortandad. No antes, primero se encierra a la población y se la machaca con mensajes de terrorismo sanitario, y después, muere la gente. No antes.

A partir de la Obertura, ya no es posible volver a alcanzar ese efecto. Se mantiene la patata caliente utilizando el test PCR, inventándose falsos contagios, aplicando medidas para que todos creamos que sucede algo horrible, por eso es obligatoria la mascarilla, distanciamientos, confinamientos, para mantener el decorado, atrezo, escenografía de la Ópera al completo hasta el final.

Aparece en escena el convidado de piedra, la vacuna, con múltiples caras, despertando fervor y convulso rechazo…. y se abre la puerta a una segunda obra, pero esta no puede tener Obertura.
Lo que suceda con la puerta abierta a la vacunación compulsiva, por trágico que sea, no va a lograr el impactante efecto instantáneo de la Obertura inicial. Pero…
es que ya no es necesario lograr nada.

El objetivo se cumplió. la humanidad cedió ante una «falsa evidencia» y pasó del criminal Estado de Alerta al Estado de Hipnosis.

Aquel que no cumpla su papel en la obra es señalado de irresponsable y de responsable, casi directo, de las muertes, que en realidad, son fruto de las propias medidas anticovid.

Por ejemplo, jóvenes siendo jóvenes, disfrutando de la vida como jóvenes que son. No criminales.