Es curioso cómo desde el principio la figura del disidente se asoció con «negacionista».
Nunca el disidente se definió a sí mismo como «negacionista», sin embargo este es el concepto que se ha popularizado. Tanto que algunos disidentes toman el apelativo con orgullo, para integrarlo y darle un significado disidente a la palabra, no «negador de la evidencia». Lo mismo sucede con apelativos tales como «bebelejías», «de extrema derecha», incluso «terraplanista».
En mi caso, por ejemplo, disidente desde el minuto 0, ni bebo CDS, que es eso que mal llaman lejía, que no lo es, pero ni lo bebo ni lo promuevo, al contrario.
Respecto mi ideología política nada tiene que ver con nacionalismos ni estructuras jerárquicas como le sucede a la «extrema derecha». Y respecto de terraplanismo mi interés es francamente poco. No me llama la atención, qué le vamos a hacer.
Antiinyecciones supuestamente antipatógenas sí, ahí me dan de lleno, antiinyecciones supuestamente antipatógenas 100%. Para ser exacto, no tengo nada personal contra el contenido de los viales, sino con que se administre en los seres vivos en nombre de la salud. Eso es falso por completo.
El sistema siempre hace este tipo de cosas, como promover el concepto político de «anarquista» vinculándolo al caos, al mal, una especie de figura inmoral, y en ese sentido, antisistema.
Lo que sucede es que el sistema es inmoral, y el anarquista, es antisistema, naturalmente. Es decir, actúa de acuerdo a la moral humana en cuanto ser biológico indisoluble con la totalidad de la naturaleza.
Por eso todo anarquista, por definición, debiera ser disidente de las acciones planificadas por el globalismo, que incluye el paradigma criminal y fraudulento en el que humanidad, universidades y laboratorios están sumergidos.
Pero claro, el poder del globalismo es tan arrasador, desde hace tantisísisisimos años, que es normal que el anarquista crezca, florezca con unos cuántos pétalos cerrados, que desconoce de sí mismo, lo que impide que sea un anarquista total.
Esos pétalos se abren cuando entendemos nuestro anarquismo natural forma parte de una totalidad en la que hongos y bacterias no son enemigos nuestros, sino cooperantes. Una totalidad natural en la que hay unas leyes biológicas que rompen en mil pedazos el sistema paradigmático convencional, que se encuentra producido por la raíz sistémica, que ha desarrollado y continúa haciendo, cadenas, control de masas, a nivel mental y de comportamiento, explotación, sumisión, hipnosis colectiva y esa continua actividad inmoral, que denigra al ser humano por debajo de su propia naturaleza.