I GUERRA CIVIL MUNDIAL

Vivimos los albores de la I Guerra Civil Mundial. Hermanos contra hermanos, familiares, vecinos, la humanidad contra sí misma, una guerra civil a nivel mundial, la primera.

Las diferencias ideológicas son las armas primeras que preceden al ataque físico o psicológico que, en esencia es ataque biológico.

Que miembros de una familia decidan no reunirse debido a creencias inducidas por el globalismo es, en esencia, un ataque a la unidad familiar, al clan, la tribu.

Que se persigan las celebraciones, las alegrías, los contactos fraternales, familiares, amorosos, sexuales, de cualquier tipo bajo argumentos pseudosanitarios es un ataque biológico masivo.

La segregación, en nombre del bien común, a su vez en nombre de un paradigma biológico falso, es ataque, agresión.

Todas las acciones por protocolos pseudocientíficos son ataques que la población recibe, provocándose un segundo ataque social, el civil, interno, que nos enfrenta entre nosotros.

Que unos padres, combatan entre sí, debido a si inyectan o no a su hijo, una sustancia que ningún ser vivo precisa, es una explosión de combate, es una granada explotando en el seno familiar.

Que los insultos pasen a las manos entre ciudadanos por cumplir las normativas psicóticas es ejecución de plan bélico, a nivel civil.

Cada día va a más, multitudes hipnotizadas haciéndose daño a sí mismas enfrentándose a los no colaboracionistas.

De forma inconsciente el controlado se librará de la orden bélica gracias al inconsciente colectivo, que será lo que traiga la paz.

La paz no vendrá de denunciar la masacre, ni de señalar el plan de la élite.

La paz vendrá de la reacción inconsciente por sobrevivir, que rechazará de facto lo que ahora mayoritariamente abraza y defiende.

Mientras tanto, hay una guerra, la I Guerra Civil Mundial, que día a día será más evidente, los contornos de la bestia se definen según se desvanece la niebla, por lo que la conciencia es quien te mantiene a salvo.

El amor, la conciencia, el equilibrio, la comprensión, son las amigas de cuya mano pasaremos felices el puente —sin miedo al apocalipsis.