Un pescador llamado Conciencia navegaba por el océano llamado Existencia.

 

Navegaba el pescador a merced de las aguas del océano aunque a veces echaba el ancla, pero en realidad el verdadero capitán del barquito es ¿quién? El mar y los designios de sus corrientes.

 

He aquí que, de vez en cuando, el pescador daba con algún banco de peces llamado Evento. Sí, la barquita de Conciencia bailotea en la superficie y, de vez en cuando, topaba con algún Evento.

 

Los peces de Evento se veían claramente saltando por encima de las olas, aunque muchísimos otros peces que conforman el banco de peces estaban por debajo de la superficie. Sin embargo, esas zonas misteriosas, esas aguas profundas, no eran visibles para Conciencia.

 

Conciencia llamaba a su navegar el Ahora. Y cuando su barquito atravesaba la coreografía de un banco de peces, Conciencia decía, «El Evento es Ahora».

 

Un día de mar muy tranquilo, las aguas estaban especialmente transparentes. Conciencia podía mirar en lo profundo. Comenzó a ver muy, muy al fondo, algunos peces. Según se movía el barco, el pescador veía cada vez más peces cerca de la superficie, hasta que el barquito se adentró en el baile habitual de peces por encima de las olas.

 

Entonces Conciencia se dio cuenta de algo que hasta entonces desconocía: los Eventos suceden también más profundos de lo que habitualmente podemos ver. Hay muchos peces que le pertenecen que suceden antes de darnos cuenta del Evento.

 

Conciencia ancló el barco y pensó: el Ahora del Evento sucede no solo en el momento visible de la superficie, si no también en esa otra dimensión del mar, donde la naturaleza del tiempo es distinta: su profundidad.

 

A partir de entonces, comprendió por qué había peces que pescaba de Eventos que sucedían al día siguiente, o mucho después. En realidad esos eventos «estaban ya sucediendo profundamente», por eso podía pescarlos.