Cuando tropezamos varias veces con la misma piedra, llega un momento en que se nos hace herida en el pie. De hecho, basta tropezar una única intensa vez, aunque tiene fama el ser humano de ser el animal que más tropieza con la misma piedra.

Curarse no consiste en que de cualquier manera deje de dolernos el pie, curarse implica integrar el aprendizaje de todo el asunto. Curarse implica apartar o evitar la piedra, la siguiente vez.

Para que este aprendizaje vital suceda, relacionado con la estabilidad de nuestra supervivencia, para que la curación sea completa, hay un proceso que se vive en sincronía a nivel del cerebro, el tejido y la psique.

Introducir elementos que rompen los tiempos que la naturaleza ha programado, durante millones de años, puede parecernos un avance extraordinario de la medicina, ya sea oficial o alternativa.

Sin embargo, esos atajos o caminos tortuosos, son más propios de la «estupidez cultural», bienintencionada o no, que de la sensatez biológica, la conozcamos o no.

Cuando la estupidez significa creernos más sabios que la naturaleza que nos creó, mientras que la sensatez significa dejar a la naturaleza hacer su trabajo, trabajo que incluye la total regeneración del tejido así como nuestra capacidad de aprendizaje. Todo ello conforma una auténtica curación al completo.