Cuando pienso en lo difícil que es la expansión del conocimiento que nos brindan las 5 leyes biológicas, a veces, pienso en aquello de que «las cosas pasan cuando tienen que pasar».
Pienso, entonces, que es muy pronto; que siendo como somos, no es posible que el conocimiento se expanda, y me incluyo en ese «siendo como somos».
Conocer, comprender, ser respetuosos con nuestra biología, sus tiempos, es fácil de escribir, pero es evidente que en general no nos comportamos así.
Ni estudiamos, ni comprendemos, ni, en general, queremos aprender. Lo que queremos es que alguien haga magia, nos arregle, como si fuéramos electrodomésticos, y ya.
La típica frase de «la humanidad no está preparada aún para esto». De hecho, pienso también que la humanidad nunca estará preparada para un conocimiento así.
El enfoque de una tribu oculta en el Amazonas, el enfoque de un hospital de lujo en New York, o el enfoque de un especialista en homeopatía y reiki en París tienen la misma base.
Pareciera que hubiera una tendencia humana cultural en esperar siempre que sea el brujo/médico/terapeuta quien, con su magia/ciencia/espiritualidad, nos cure.
Las 5 leyes no nos hablan de que sea así cómo sucede la enfermedad, ni la cura.
Sin duda que el enfoque, cuanto más en armonía con la naturaleza sea, más se acerca a la verdad. Pero todo un amplio abanico de sistemas diversos y milenarios de creencias se interponen entre la naturaleza y la humanidad.
Entonces, ¿qué sentido tiene que se haya abierto la puerta de este conocimiento si no es para que sea conocido?
Después de 40 años, ¿hay seres vivos que se han beneficiado gracias a este conocimiento? Sí, muchos, más cada día.
Luego todo va bien. No como podemos esperar algunos en un momento dado. Pero esa puerta ya no existe, el marco que la rodeaba quedó libre.