El otro día recogí algunas naranjas del naranjo. alguna naranja ya estaba en el suelo, la mayoría las arranqué directamente del naranjo. Han pasado unos día y ouch!, una de las naranjas ya se ve que empieza a descomponerse.

¿Qué nos enseñan en el colegio, en nuestras casas? ¿Cuál es la creencia generalizada mundial?

Que esa naranja en descomposición va a «contagiar» al resto su actividad de microbios descomponedores de tejido y por tanto las naranjas de alrededor se van a poner feas. Lo mejor es tirar esa naranja fea antes de que contagie a las demás.

Pero esto no es verdad. no sucede tal cosa. Todo el mundo puede comprobarlo en casa.

Puede ser que estando en el árbol, el viento haga que dos naranjas se golpeen. Justo por ahí, en esas zonas comunes por donde se golpearon, arranca la descomposición. Pero el proceso es independiente en cada pieza.

Cada pieza de fruta tiene su propio ritmo, su vida, su tiempo. Un golpe simplemente acelera ese proceso, pues el tejido se daña.

Si una naranja cae al suelo, puede que el impacto afecte, o acelere este proceso. Pero normalmente, por eso tienen esa piel dura, no sueles pasarles gran cosa cuando caen. Se vuelven bocados apetecibles, que ruedan, se diseminan. Listos para crecer en otra parte, para ser ingeridos y sumarse a las heces que se depositan en otro lugar para crecer.

Pero cada pieza tiene su ritmo, su vida, su tiempo. Independiente. No afecta en absoluto el contacto directo con otra naranja o cualquier «cadáver» de cualquier ser vivo. No acelera su descomposición. No existe contagio.

Si abrazamos o besamos a alguien con lepra, con cualquier tipo de sintomatología que se nos dice de origen vírico, no nos pasará absolutamente nada. Pues la enfermedad por contagio no existe.

Puede que dos naranjas viajen juntas en la caja, y en el viaje se golpeen entre sí, pues lo mismo que si se golpean en el árbol. cada cual lleva su golpe y proceso, no es por contagio. Puede ser que las naranjas se recogieran al mismo tiempo, por tanto con tiempos de descomposición similares, pero no es fruto del contagio.

Entonces, hay una coordinación entre microbios y el ser vivo, una cooperación. Los microobios intervienen de acuerdo a esta cooperación. No hay una locura de ataque. No hay una batalla.

Cuando el ser vivo está, propiamente, vivo. Solo tras el choque biológico arranca el programa. Y solo en las fases determinadas los microbios actúan. Ni antes ni después.

Por eso cuando llega la muerte, sucede la descomposición. Y no cuando hay vida, a no ser que lo que se deba descomponer es un tejido que ya no cumple función especial. Por eso hay tejidos que necrosan y no los de al lado, aunque estén en contacto. Igual que las naranjas.

Y así de maravillosa es la naturaleza. Y no hay que temer que nadie nos contagie nada ni nosotros contagiar nada. Ni los animales nos contagian ni nosotros a ellos.

A partir de Pasteur, especialmente, se ha instaurado una guerra estúpida contra la naturaleza. Y este paradigma basado en una ilusión, una falsedad, engorda a las farmacéuticas, y sirven al control político de la oligarquía.

Te lo dice alguien criado en una farmacia de pueblo. Nada de todo eso, cura.

La próxima vez que veas una naranja putrefacta, apártala, disfruta plenamente de las que la rodean y reflexiona, como yo hice, en la constante maravilla que es la vida, los procesos curativos y la muerte, pues todo está diseñado hacia la supervivencia de la vida misma. Hay belleza inagotable en ese diseño.