La lógica oleada liberal busca liberarse del poder de la oligarquía. La oligarquía utiliza los Estados y las construcciones políticas para convencer a las parcelas de humanos que su soberanía debe depositarse en los sistemas de gobierno de esas parcelas.
Que el individuo sea liberal no preocupa a la oligarquía. Que las familias sean liberales ya es otro cantar, pero si viven orgullosas de pertenecer a una parcela mayor, entonces está bien, pues de alguna manera se apoya un gobierno estatal, y ello es falange de la bestia.
Lo que la oligarquía no permite es la autogestión comunitaria de las familias. Autogestión comunitaria de individuos sí, pero de familias no. Eso debe intervenirse.
La cultura y la presión social ejercida sobre las familias hará que el mismo planteamiento de autogestión suene inalcanzable.
Sin embargo, la historia de la humanidad, en su mayoría temporal, es una historia de comunidades familiares autogobernadas.
Lo extraño empezó hace unos milenios, cuando surgen oligarquías controlando conjuntos de comunidades de familias.
Hoy asistimos al movimiento de liberación mundial de esa oligarquía planetaria. El instinto de liberación es tan imparable como dirigible.
Así que ese instinto se dirige al liberalismo como respuesta, siempre y cuando no desemboque en la creación de comunidades de familias soberanas. Así queda bajo control.
He aquí que ese mismo instinto bajo control logra romper sus cadenas.
No puedes domar la naturaleza del león. Parecerá que sí, pero la propia oligarquía no quiere prescindir de la genuidad de su esclavo, si no es genuino, pleno, no es su riqueza mayor.
Esa codicia natural de la oligarquía es su punto vulnerable. Ahí es donde el león crece permitiéndosele tanto ser león, que finalmente el león obtiene su libertad.