¿Y si los microbios no fueran nuestros enemigos? ¿Y si, en lugar de ser la causa de las enfermedades, fueran en realidad obreros especializados y cirujanos naturales que nuestro propio cuerpo dirige para ayudarnos a sanar? Esta es una de las ideas más sorprendentes y radicales que se encuentran en los textos sobre la Germanische Heilkunde del Dr. Hamer. Nos invita a abandonar la idea de una guerra contra un ejército invasor y a descubrir un sistema biológico cooperativo, dirigido magistralmente por nuestro cerebro.
Dentro de este marco, los microbios no son agentes del caos, sino aliados indispensables que actúan únicamente durante la fase de curación. Su trabajo es descrito por la Cuarta Ley Biológica, «El sistema ontogenético de los microbios», que postula que estos organismos no actúan por su cuenta, sino que son activados y coordinados desde el cerebro en el momento preciso en que un conflicto biológico se ha resuelto.
Veamos cómo se describe esta fascinante sinfonía biológica.
Los Obreros Más Antiguos: Hongos y Micobacterias
Según los documentos, los hongos y las micobacterias (como la bacteria de la tuberculosis) son los especialistas más antiguos de nuestro organismo. Su trabajo está exclusivamente ligado a los tejidos que se originan en la capa embrionaria más arcaica, el endodermo, y que son dirigidos por la parte más antigua de nuestro cerebro, el tronco cerebral. También se ocupan de ciertos tejidos del mesodermo antiguo, controlados por el cerebelo.
Estos tejidos, como los de los alvéolos pulmonares, el hígado o las glándulas mamarias, responden a un conflicto biológico con una proliferación celular (un tumor). El propósito biológico de este crecimiento es, por ejemplo, producir más secreción para digerir un «bocado» o protegerse de un «ataque». Pero, ¿qué ocurre cuando el conflicto se soluciona? Aquí es donde entran en escena estos microbios.
«Die ältesten Mikroben unseres Organismus sind die Pilze und Pilzbakterien (Mykobakterien). Sie sind die Abräumer für die vom Althirn gesteuerten, entodermalen Tumoren … Sie beginnen sich erst vom Zeitpunkt der Konfliktlösung an zu vermehren.»
Traducción: «Los microbios más antiguos de nuestro organismo son los hongos y las bacterias fúngicas (micobacterias). Son los encargados de eliminar los tumores endodérmicos dirigidos por el cerebro antiguo… Solo comienzan a multiplicarse a partir del momento de la solución del conflicto.»
Una vez resuelto el conflicto, el cerebro da la orden a estos «cirujanos» de descomponer las células que ya no son necesarias. El proceso que llevan a cabo se conoce como caseificación tuberculosa, un mecanismo que elimina el tumor durante la fase de curación, a menudo acompañado de sudores nocturnos y fiebre. Desde esta perspectiva, la tuberculosis no es una «enfermedad» en sí misma, sino el signo de un proceso de reparación en marcha.
Los Ayudantes Versátiles: Las Bacterias
Las bacterias (que no son micobacterias) se describen como especialistas asociados a todos los tejidos derivados del mesodermo, controlados tanto por el cerebelo como por la sustancia blanca cerebral. Su rol es dual y depende del tejido específico.
- En los tejidos del mesodermo antiguo (dirigidos por el cerebelo), como la dermis o la pleura, actúan de forma similar a las micobacterias, descomponiendo los tumores (melanomas, mesoteliomas) durante la fase de curación.
- En los tejidos del mesodermo nuevo (dirigidos por la sustancia blanca), como los huesos, los ovarios o los testículos, su función es la opuesta. Estos tejidos reaccionan al conflicto (generalmente de autodevaluación) con una pérdida de tejido, una necrosis o una osteólisis. Cuando el conflicto se resuelve, las bacterias son activadas para ayudar a reconstruir y rellenar ese hueco. La inflamación, la hinchazón y el pus que pueden aparecer en estas zonas son, según los textos, signos de esta intensa actividad reconstructiva.
Los Restauradores Modernos: El Papel de los «Virus»
Finalmente, en el sistema descrito en los documentos, los llamados «virus» se asocian a la capa embrionaria más joven, el ectodermo, que es controlada por la corteza cerebral. Los órganos ectodérmicos, como la epidermis, el revestimiento de los conductos biliares o la mucosa de la laringe, responden a los conflictos (típicamente de separación o territoriales) con una ulceración o pérdida de tejido.
Una vez que el conflicto se resuelve, comienza la fase de curación (PCL). Es en este momento, y solo en este, cuando los «virus» son activados por el cerebro para ayudar a reconstruir y reparar el tejido ulcerado.
«Die Viren (sofern es sie in der bisher angenommenen Form überhaupt gibt) sind … reine Heilungs-Viren. Sie helfen ausschließlich, die vom Cortex cerebri gesteuerten ektodermalen Gewebs-Ulcera bzw. Substanzdefekte wieder aufzubauen.»
Traducción: «Los virus (si es que existen en la forma que se ha supuesto hasta ahora) son… puros virus de curación. Ayudan exclusivamente a reconstruir las úlceras o defectos de sustancia del tejido ectodérmico controlado por la corteza cerebral.»
Fenómenos como el sarampión, la rubeola o un exantema cutáneo son reinterpretados no como una «enfermedad infecciosa», sino como la manifestación visible de esta fase de reparación viral en la epidermis, que sigue a la solución de un conflicto de separación.
En resumen, la Germanische Heilkunde propone una visión de la microbiología que es biológicamente cooperativa. Lejos de ser atacantes malignos, los microbios son presentados como simbiontes leales y trabajadores eficientes, coordinados por el cerebro para ejecutar programas de reparación precisos, cada uno en su especialidad y en su momento, siempre con el objetivo de devolver el organismo a la normalidad tras la tormenta de un conflicto biológico.