Al abandonar mi adolescencia aprendí el concepto filosófico «meta». Palabra, meta, que ahora se ha apropiado de ella Mark…
Pero quiero contaros por qué fue tan importante para mí esta palabra. Pues el concepto era una fórmula de meditación, de observación.
El ejercicio filosófico «meta», consiste en hacer un desapego de la línea conceptual en la que un pensamiento discurre y verlo desde fuera.
Eso me llevó, por ejemplo, a tener una visión «meta» de cualquier evento, hecho, y generar un espacio para una nueva interpretación, una nueva forma de pensar sobre ese pensamiento, o crear utilizando como materia el objeto sobre el que se aplica «meta».
Entonces, los eventos resurgen como metáforas, como alegorías, y un simple capítulo comercial de dibujos animados de baja calidad se transforma en una lección de sabiduría.
Me recuerda a la magia del pcr, que permite encontrar todo en todo, ese aspecto «budista».
Entonces, tomas una piedra, le aplicas la acción espiritual, sensorial, creativa, mental «meta», y un multiverso se abre.
Meta, también, como herramienta de conocimiento, obviamente. Pues esa distancia que permite dar paso a nuevas ideas y visiones sobre un mismo punto, también permite ampliar la perspectiva y la comprensión sobre el mismo.
Algo que apliqué desde el inicio a mis conocimientos de Nueva Medicina Germánica, de forma suave, sin forzar, pero que ha servido para comprender mejor, en esencia, así como divulgar mejor.
Así que el concepto «meta» es una de mis herramientas principales. Genial que Mark me lo recuerde, aunque sus propósitos son justo los contrarios: no permitir al cerebro tener un pensamiento reflexivo creativo, sino sumergirle en una realidad virtual absolutamente bajo control.