AUTONOMÍA, SALUD, RESPETO, SOBERANÍA.
La vida es autónoma, por eso pasan los millones de años y sigue habiendo vida en la Tierra. En su desarrollo para conservarse así misma presente, están los ecosistemas, el equilibrio que hace que se diversifiquen las especies, incluso exista el sacrificio y la muerte para que la vida prosiga.
Este mantenerse en equilibrio es la salud. Y esta autonomía, razón de ser y existir en el tiempo, en el espacio, hace de la vida dueña de sí misma, y todo lo que la aleje de su voluntad de existir la aleja de sí misma. Es aquí donde encontramos que allí donde hay vida y plenitud, hay libertad y soberanía.
Instalada con nosotros está la creencia de que madre/hijo son una unidad, hasta tal punto que los conflictos de la madre se transfieren al hijo. Pero naturalmente esto no es posible, así como no le sería útil a la vida que tal transferencia fuera posible, ya que ello acabaría con la vida misma.
Un bebé es un ser vivo autónomo, aunque la vida, autónoma en sí misma, haya desarrollado una fase de dependencia natural, donde el bebé humano depende de la madre para vivir, así como la semilla depende de la planta para ser formada por completo.
Pero esa autonomía intrínseca a la vida está activa en el bebé. Por eso el bebé, dentro del útero, puede hacer sus propios choques biológicos, independientemente de la madre. Así como los choques biológicos de la madre no son transmitidos al bebé, el cual es autónomo, en cuanto ser vivo soberano.
Es una falta de respeto inmoral considerar al bebé sensible y permeable a los choques biológicos de la madre. Entendemos perfectamente el concepto místico, cuántico, amoroso que entraña la visión de unión cerebral integral del ser vivo madre/ser vivo niño. No buscamos ofender, buscamos dignificar nuestra visión y relación con la vida en este asunto.
Los golpes violentos en la madre, conflictos que ahoguen a la madre, que presionen al bebé durante al embarazo, es decir, los síntomas físicos de las situaciones conflictivas que vive la madre pueden algunos ser percibidos, y dependiendo del bebé, de cómo viva esa percepción, pues puede llegar el bebé a tener su propio choque biológico con sus propios síntomas. Pero esto que acabamos de describir no es una transmisión del choque biológico de la madre.
Por completo descartamos la transferencia de potenciales tendencias latentes que pueden hacer que in útero, o fuera de, exista una herencia genética especial que haga al bebé proclive a ciertas enfermedades que tiene la madre o transfiere la madre de sus ancestros. Descartado.
El bebé nace y como esponja que debe aprender a vivir y desarrollar capacidades se empapa de la madre, el padre, la familia, los amigos y la sociedad. Es en este empaparse que puede aprender comportamientos antibiológicos que en ciertas situaciones puede generar choque biológico, cierto tipo de choque biológico que parece heredado genéticamente, pero cuya herencia es cultural y pervierte lo biológico.
Finalmente quiero hablar del respeto, respeto a la vida, respeto a nuestros procesos, nuestro aprendizaje. Respeto hacia nuestra salud, y respeto hacia el bebé y el niño.
Pues el bebé, como dije, desde que existe como embrión y porta vida ya contiene autonomía. Una autonomía en cooperación con la madre, que le proporciona alimento, protección, tranquilidad, estabilidad. Si antes, durante, y justo después del parto, el bebé no vive choque biológico, pues naturalmente se colocará para salir, naturalmente está con su madre, naturalmente mama.
Naturalmente duerme, defeca, orina y pide comida de nuevo. Por eso intervenir en sus horas de sueño o comida, es en efecto, tremendamente irrespetuoso. Pues es autónomo.
A partir de aquí podríamos escribir mucho sobre autonomía y crianza respetuosa. Lo que me interesa señalar es que la soberanía es intrínseca a la vida, y que si queremos generar una sociedad soberana, empieza por el concepto de vida misma, y el respeto que le tengamos para que la vida pueda ser ella misma, y por eso hablamos de biología y leyes biológicas, para tener comprensión al respecto.