Ayer POR FIN me llamaron para vacunarme. El sistema funciona. Tantos meses esperando la llamada que todos ya recibieron, por qué tan larga espera…
Siento la acción protectora del Estado globalista sobre mi corazón.
La cálida mano del bienestar que la ciencia proporciona.
Al oír la sensual voz angelical del otro lado del teléfono preguntándome providencialmente si deseaba tener una cita…
…mi alma, como un ave agazapada en un nido de oscuro temor durante más de un año, abrió por completo sus alas de repente al ritmo de la voz y su celestial propuesta.
Mi espíritu, en eterno gozar, éxtasis de libertad y alegría, aflojó mis dedos estremecidos, que dejaron fluir, cual pluma de oro divino, mi teléfono hasta el pozo del wáter, donde murió.
Mas ya nada importa, rezo tranquilo en murmullo de amor, pues sé que las farmacéuticas, en su gloria, me aman.
Sus servidoras me llamarán de nuevo.
Y por fin podré entregar mi cuerpo.
Comulgar de la acción solidaria que a todos nos hace más fuertes y trae, a todos, la paz.