Más importante que comunicar con el niño interior es comunicar con el adolescente interior (en adelante, a.i), pues el adolescente es el puente que nos comunica con el niño interior.
Cuidar al a.i, implica un acto de amor en cuanto acción de atención, debemos recordar qué era lo que nos importaba, lo que pensabamos acerca de lo que son las cosas, opiniones, y acciones, ¿qué hacíamos? ¿en qué invertíamos nuestro tiempo?
Cuando somos adolescentes, toda actividad es vital, es importante. No perdemos el tiempo, porque cuando, aparentemente, estamos perdiéndolo, lo que estamos haciendo, a la hora de la verdad, es: tratar de tomar el control sobre nosotros mismos.
Todos aquellos sueños y deseos, esperanzas, todo ello convive en cada pérdida de tiempo. Cuando oímos música o cuando hacemos cosas que, en principio, no nos dan dinero o no sirven, según se nos dice, para llevar una vida adulta.
Nuestra responsabilidad es, entonces, en cuanto adultos, estar y acompañar a nuestro a.i, dejarle tomar el control, que salga a la luz, conozca nuestro presente, y pueda vivir en el ahora.
De estar forma, no hay secreto para la eterna juventud, ya que el adolescente va a querer vivir a fondo, plenamente. Es una cuestión espiritual, claro que sí, es una autoafirmación y florecimiento de lo que somos íntegramente.
Ser íntegros adultos implica ser niños que han florecido por completo. Nuestro sherpa es el aprendiz, el adolescente. Quien nos va a señalar, gracias a su coexistencia con el niño interior, todo aquello que es importante, pero importante de verdad.
Lo que necesitamos, lo que nos hace soñar de nuevo, lo que nos vuelve revolucionarios.
Porque todo adolescente precisa de ser revolucionario, la regeneración y la primavera pertenecen al adolescente. Si queremos disfrutar de ello, entonces el a.i tiene que empoderarse, ocasionalmente, pues el adulto también debe ser tenido en cuenta, en equilibrio.
El adolescente no puede permanecer satisfecho mucho tiempo, su papel es la acción, y lo que le motiva es lo aún no creado.