Tratemos de simplificar y hacer que sea simple de entender.
Partimos de la irrefutable aunque poco extendida verdad científica que nos dice que la inmensa mayoría de las enfermedades son fases de programas que se activaron siempre tras la vivencia de un choque biológico. No choque emocional, sí choque biológico (planta, alga, plancton, insecto, reptil, ave, ovíparo o mamífero; no hablamos de emociones).
Entonces, situaciones, eventos que una persona vive de forma resolutiva, o que simplemente no altera su supervivencia, sí pueden ocasionar choque biológico en otra persona distinta, aunque la situación o evento sea similar.
Esto depende de múltiples factores. Qué hace que una persona conflictúe biológicamente y otra no, no es posible de determinar y crear un listado preventivo. No es posible una medicina preventiva. Todo ser vivo en un momento dado puede conflictuar biológicamente aunque su alimentación sea equilibrada o haga ejercicio.
Una misma persona que en un momento dado, en una misma situación, no conflictúa biológicamente sí puede hacerlo en otro momento distinto aunque la situación aparentemente sea la misma.
En una familia, sus miembros, aprender a vivir, a relacionarse socialmente, a enfrentarse a situaciones, cómo resolverlas, cómo comportarse.
Los hijos aprenden de sus padres y abuelos una cultura familiar que se transforma en «parte de nuestra biología», cuando una vivencia toca el equilibrio de nuestra supervivencia.
No todos los miembros de la familia aprenden esta cultura familiar igualmente. Dependerá del carácter natural de cada miembro familiar. Dependerá de sus vivencias. Es tan personal este proceso que nuevamente no podemos crear una fórmula magistral que nos diga quién va a enfermar o quién no, quién puede ser proclive o quién no a vivir tal patología.
Entonces, es normal creer que si, por ejemplo, mi tioabuelo tuvo cáncer de páncreas y también mi padre, yo crea, por lo tanto, que hay una predisposición genética al cáncer de páncreas en mi familia paterna, siguiendo el ejemplo. Es normal, lógico, creerlo, pero falso por completo.
No hay una herencia genética maldita, ni hay una herencia karmika que nos viene de vidas anteriores o de condenas que arrastramos de nuestros ancestros.
Hay, una herencia cultural, familiar, unos códigos de comportamiento aprendidos, como esponjas, cuando somos niños, que incorporamos en nuestro día a día, como si formara parte de nuestro ADN, pero no tiene nada que ver con herencia genética.
¿Podemos aprender a no reaccionar de cierta forma que nos lleva a conflictuar biológicamente? ¿podemos darnos cuenta de que tal reacción, comportamiento, manera de ver las cosas, intervenir, no intervenir, etc es justo lo que nos conduce a vivir el conflicto biológico? ¿hay comportamientos aprendidos con los que debemos aprender a convivir pues es imposible cambiar? ¿Qué es inevitable y qué es gestionable? Éstas son buenas preguntas, pueden ser muy útiles.
Pero contrariamente a lo que nos dice la medicina oficial situada en un paradigma biológico erróneo, las enfermedades genéticas hereditarias, no existen.