Creo que en general todo el mundo puede entender que los primeros meses de crecimiento de un bebé son cruciales. Igual no somos tan conscientes de que «alimentarse y crecer» en edades tan tempranas no es solo una cuestión de leche materna o bibe, es una cuestión de estímulos naturales con el entorno, especial papel, los rostros, nuestras caras, la expresión.

Ese primer instante, tras dar a luz, ese encuentro madre/hijo…. y la madre con mascarilla. Esa relación de la que hablábamos y que el encuentro facial sea con mascarilla, en los meses que aún están cuajándose las neuronas, que el bebé termina de hacerse fuera de madre…. por eso es tan dependiente aún, no es como un potrillo que nace y se levanta a trotar.

Son tantos y tantos los detalles, del confinamiento, a la separación, tantas cuestiones que debemos acatar en nombre de un virus que nunca fue aislado, unos test PCR fraudulentos, unas cifras de muertos y enfermos manipuladas, una curva idéntica a la de otros años.

Desde el principio dijimos que con la llegada del calor bajarían los casos y que diríamos que bajan los casos gracias a las medidas tomadas, cuando las medidas no solo han sido inútiles para evitar un mal inventado, sino que las medidas han generado desde su inicio, el mal directamente.

Ahora la población dividida, entre los que creen que es necesario protegerse y proteger a los demás y los que no. Una guerra inventada contra la naturaleza, se nos traslada entre nosotros mismos.