Ejemplos:
«¿no crees en el virus? ojalá muera algún familiar tuyo»
«¿que no hay pandemia? ojalá no te puedan atender en un hospital»
«¿que las mascarillas no sirven? cuando te intuben hablamos»
Ese salto, ese ataque, viene supuestamente de la teoría según la cual mi «no creer» produce muertes. La gente lo cree, no saben a ciencia cierta si es correcto, lo creen y atacan.
Yo no insulto deliberadamente deseándole lo peor a quien cree en la pandemia. Solo señalo que es un error. Un error que está matando gente y destrozando economías. Señalo que todos estamos colaborando con ello en menor o mayor medida. Señalo que en un tema así que nos afecta tan directamente deberíamos investigar de otras fuentes para contrastar la metralla mediática. Vamos a encontrar disidencia en científicos formados en universidades de todo tipo, y disidencia en investigadores independientes incluso de las universidades.
Lógicamente, no vamos a encontrar disidencia en las publicaciones oficiales, aunque sí vamos a encontrar un laberinto de contradicciones. Si estamos diciendo que hay un plan orquestado desde hace años por gente muy poderosa e influyente, entonces, no vamos a encontrarnos disidencia en los medios de comunicación ni en la gran mayoría de los gobiernos.
Básicamente, si a uno le joden la vida, se vuelve maltratador. Si a mi me obligan a llevar mascarilla, tú la llevas. Si mi negocio debe cerrar, el tuyo también. Si yo me quedo en casa, tú también.
El resentimiento, la injusticia, la incomprensión y frustración la dirigimos al hermano, no al causante de nuestra situación.
La cuestión es que uno puede verse sorprendido por una tormenta, pero si pasan las horas y uno no se protege, es uno quien está yendo al rayo. La responsabilidad es personal.
Todo dedo acusador se señala asímismo, la necesidad de acusar es síntoma de algo no estamos haciendo bien.
Informar no es juzgar, y desde luego, no es ejecutar.