Nos gusta conocer la verdad, nos gusta saber cómo las cosas son. Filosofía significa «amor por la sabiduría», luego somos filósofos, amantes de la verdad, en este caso, la verdad de la naturaleza, la verdad de la biología.
No hay ni puede haber evidencia de la existencia de eso que se entiende como «virus». Sí hay evidencia de partículas «no vivas», material genético encapsulado que interactúa a nivel celular.
No hay ni puede haber evidencia de que esas partículas sean patógenas, es decir, sean las causantes directas de las enfermedades.
Y digo bien, «no puede haber», porque la evidencia es que en la naturaleza no existe ese comportamiento fruto de la mente corrupta humana llamado «contagio».
Y digo bien, «mente corrupta», pues cuando la mente se co-rompe, se separa de la naturaleza, genera creaciones inventadas para llenar el vacío que separa las partes del todo, pues la tendencia de la comprensión es que todo sea una unidad, ya que, en verdad, todo es uno.
Así que nosotros, evidencianistas, ponemos en evidencia la mentira y falsedad que sostiene no solo la industria farmacéutica medicalizadora, sino que evidenciamos que nuestro modo de vida, en general, nuestra relación social y con la naturaleza está retorcidamente fuera de lugar, ya que si no existe la enfermedad por contagio, hay multitud de costumbres a nivel mundial, prácticas y pilares institucionales o simples creencias que se derrumban por completo ante la luz científica, biológica que evidencia la absoluta, inmoral y, por completo, falsa Teoría del Contagio.