La guerra ha terminado. Un ataque masivo mundial fue orquestado, gracias al trabajo oligárquico de décadas, y a una maquiavélica alianza entre el estado profundo Chino, fundaciones pseudofilantrópicas y la hidra farmafiacéutica. Todo ello sostenido, imprescindiblemente, sobre el pasteuriano paradigma falso del contagio.
Un ataque basado en la proyección de una ilusión, una partícula patógena inexistente, como todas esas tipo de partículas, ninguna patógena.
Un ataque que utiliza protocolos decimonónicos, exhaustivamente premeditados, para mantener presa a la población en sus casas, separadas familias, amigos, comunidades, la propia opinión pública, manipulada goebbelianamente por la mass media, taladrando cerebros con marketing terrorista.
Un ataque que ejecuta protocolos asesinos de ancianos (separación, aislamiento, abandono, debilitamiento), entubamientos precoces, diagnósticos falsos cuyo propio diagnóstico es lo que enferma….
Un ataque que sumerge a la población en un estado profundo de amenaza en el territorio, provocando diversos choques biológicos relacionados con insuficiencias respiratorias, dolores de cabeza, ansiedades, depresiones, taquicardias y un largo etcétera.
Un ataque donde la sumisión es objeto principal, sometimiento voluntario, en el que la población pide al patriarcal, milenario, dios criminal, que sus verdugos refuercen el castigo pues la hipnosis colectiva ve salvación allí donde se implementa hundimiento, refuerzo esclavista, desarrollo regenerativo del sistema de control humano. Pues éste fue el objetivo de esta guerra.
Y este objetivo ha sido amplia y sobradamente obtenido. Por eso la guerra ha terminado, lo que quedan son columnas humeantes, y algún foco de hospital de campaña, iluminando a la población lobotomizada de un lado y a una disidencia controlada de otro, pseudodisidencia que aún cree, cual ratón corriendo en rueda paranoica, en antenas radioactivas y experimentos de laboratorio.
Conclusión: alegría, coherencia, resistencia, armonía, conocimiento, organización, todo lo que nos lleve a no abdicar de la soberanía natural, consciente y feliz.