Todos conocemos o hemos visto ese impulso natural al desorden. Tomar algún objeto y lanzarlo lejos, o apartarlo, o dejarlo sin pensar dónde. Hay energía en esa acción constante y espontánea, común en todos nosotros. Una energía entrópica, fuerte e impulsiva, que sucede sin más.

Personalmente no he comprobado si la entropía es o no una ley universal, por lo que ni la negaré ni la aceptaré tal y como nos la cuentan. Si quieres saber qué es la entropía haz click aquí.

Lo que sí es evidente es que, según crecemos, se nos dice que ordenemos, recojamos, no tiremos las cosas por ahí. Desde luego nuestro estilo de vida actual no permite que vayamos sembrando el caos por donde pasamos. Pero, sembrar el caos… respecto de qué valores. ¿Qué es orden? No voy a entrar ahí ahora.

Lo que sí es importante es que, en cuanto adultócratas, bloqueamos ese impulso natural en los más pequeños.
Sabemos que hay que dejar que se ensucien, que investiguen y desordenen.
Hay que dejar que tiren las cosas, que las ‘desprecien’. Pues no sienten el apego que nosotros sentimos, o como nosotros lo sentimos.