(Nueva Normalidad: si es nueva, ¿cómo saben que ya es así, que ya es lo normal?… llamarlo Nuevo Orden Mundial es precipitado. Pero, bueno, orden, normativa, normalidad, ok, sigamos…)
Eso, cuando te quitas la mascarilla, uno deja de trabajar, trabajar para la empresa psicótica, pues, como digo, es un complemento identificativo de uniforme, como el traje a rayas del presidiario o la corbata de los hombres serios y profesionales que deben negociar duramente para que los engranajes del sistema funcionen.
Cuando te sientas o sentabas en una terraza a comer, te quitas la mascarilla, es tiempo de recreo psicótico, ya no trabajas para el Gran Plan para la eliminación del pequeño y mediano comercio.
Pues en eso ha consistido desde el principio: crear un fantasma con el que asustar y dominar al ganado para que deje de pastar en un prado y conducirlo al que nos interesa, sacamos la marioneta del lobo, mueren algunas ovejas extra ancianas, y el ganado en estampida se dirige donde queremos, y donde ELLOS quieren implica, pérdida de libertades fundamentales, control mucho más intenso, y hacer que toda esa gente esclava del sistema actual, pierda privilegios. No va a ser tan fácil elegir qué tipo de esclavitud laboral decidimos.
Desde el inicio se oyó en megafonía mientras paseábamos por el patio de la cárcel, la tonadilla que decía «la mascarila está aquí para quedarse».
Si alguien cree, realmente, a estas alturas del sendero, que la mascarilla tiene un sentido sanitario, es que anda pastando restos de la primavera del 2019.
El pasto de la primavera del 2020, desde la primera a la última brizna de yerba, llevaba preparada esperando en una cámara de frío desde hacía muchos años.
En enero, a principios de 2020, cuando oí crugir el frigorífico en Wu-Han supe que era cosa malvada, pero honestamente, no sabía la profunda dimensión siniestra en la que nos estaban sumergiendo.
Por eso el calor de mi corazón, día a día, y la conciencia de plenitud serena y alegre, crecen. Porque, como toda guerra, solo la paz disuelve.