Literariamente, cuando escribo, literalmente, bailo.
Pues es propio de bailarines dar saltos y volteretas en el aire.
Deslizarse entre metáforas, controlando cada músculo narrativo.
Son esas caderas las que deshacen glaciares,
Depositándolos en vasos en bares tales
Donde el tintineo del hielo calienta conversaciones cuáles.
Tacón sobre el teclado levanta nube de letras.
Una especie de claqué chamánico que atrae rayos de musas,
misa de cantos, bastones de krishnas infantiles,
universos en charcos.
Son las sonatas sonadas de sonidos soles
que danzan, respirando en sus panzas
de puntillas, entre césped y estrellas
muchísima luz,
caries de dioses montañas
repletas de matorrales.