Los adultos, responsables, serios, que mantenemos con nuestro esfuerzo y sudor los caprichos irresponsables de los niños y adolescentes.
Los adultos, que sabemos lo que le conviene a la juventud, porque «ya pasamos por eso». Nosotros somos maduros, los jóvenes no tienen perspectiva, por eso necesitan ser metidos en vereda.
Pues no, totalmente equivocados, ni los niños ni los jóvenes sienten como nosotros la farsa del virus que nos tiene a todos subyugados.
Ellos son la vida, lo que viene, el reemplazo, reemplazo de vida y les suda la polla, con perdón, es por usar su lenguaje-je, eso, que les suda la polla el covid, confinamiento, las mascarillas, el distanciamento, porque no sienten naturalmente nada que ver con toda esa paranoia ejecutada desde la adultocracia.
Así que una vez más: la esperanza está en la vida misma.
Apoyo 100% a esos niños que lamen todo a su paso y a esos jóvenes que desfasan hasta caer rendidos.
Porque la vida, como dijo Z es «lo que se supera asimismo».
A la mierda ya, coño, tanta ciencia falsa, tanto encorsetamiento controlador, tanto miedo, tanto cientificismo, tanto puritanismo decimonónimo moralista.
Cuanto más creemos el cuento del hombre dominando la naturaleza para defenderse de ella, más estamos denigrando al ser humano.