Mi viaje astral es literario. No se engañen, literario en mi caso significa físico. Y astral, en mi caso, significa «de los astros».
Por tanto mi viaje astral es poético, por lo que mi cuerpo y mente sienten la imaginación de la luz y la energía de los astros, astralizando mi alma como quien canaliza el mar hacia un valle entre dos mares.

Viajo, entonces, consciente, sobre una balsa de palabras, movida por corrientes creadas. En primer lugar conecto con los sentidos, pies en tierra, o calcetines, en su defecto. Unos buenos calcetines en tiempos frescos son como manos de reiki si se saborean gustosos.

Luego pienso en mi corazón, este que ama ciegamente encharcado de luz vital, sacrificándome un poquito, sin excesos, para que la vida que entrego me sea retornada en excelsos versos rocosos miguelangeleadores.

Y justo en la punta de mi lengua deposito la sílaba, como un cincel, entre dioses unificados -siempre supe colarme entre bambalinas para salir al escenario junto a las estrellas, humanoidal.