Desde el inicio de la plandemia he tocado el gel hidroalcóholico unas dos veces, por sumisión, por no generar conflicto, pero el resto de las veces lo he evitado, así que, después de tantos meses si me veis, huid, huid y alertad a quienes me rodean, pues mis manos se han transformado: una enorme gran bola de fuego etéreo, con la más elevada densidad de virus mutantes, se condensa a varios centímetros de mis dedos; permaneced a varios km de distancia, pues una ligera brisa puede empaparse de la nocividad extraordinaria arremolinada entre mis falanges y en la palma agraria de mis manos; el más leve de los vientos, tras visitar la aureola de mis extremidades, puede alcanzaros fatalmente, y provocar el rebrote definitivo, el que termine con la humanidad, sin que, en esta ocasión, ningún Noé pueda evitarlo.
Desde el inicio de la plandemia he tocado el gel hidroalcóholico unas dos veces, por sumisión, por no generar conflicto, pero el resto de las veces lo he evitado, así que, después de tantos meses si me veis, huid, huid y alertad a quienes me rodean, pues mis manos se han transformado: una enorme gran bola de fuego etéreo, con la más elevada densidad de virus mutantes, se condensa a varios centímetros de mis dedos; permaneced a varios km de distancia, pues una ligera brisa puede empaparse de la nocividad extraordinaria arremolinada entre mis falanges y en la palma agraria de mis manos; el más leve de los vientos, tras visitar la aureola de mis extremidades, puede alcanzaros fatalmente, y provocar el rebrote definitivo, el que termine con la humanidad, sin que, en esta ocasión, ningún Noé pueda evitarlo.