Eso que conocemos como enfermedad es parte del proceso curativo que forma parte del programa biológico que se activa, queramos o no, cuando vivimos choque biológico.
Cada tejido del ser vivo cumple una función biológica, con posibles diversos matices, relativos a mantener en equilibrio estable nuestra supervivencia o la de aquellos seres vivos que forman parte de nuestro equilibrio, y que por tanto, su supervivencia estable también es vital para nosotros, como por ejemplo, un hijo.
Entonces, cuando un tejido se altera, y presenta síntomas de eso que llamamos «enfermedad», es porque hay leyes biológicas que operan involucrando a cada tejido, activando programas biológicos concretos específicos para cada tejido, su función y su participación en la respuesta que deben dar esos tejidos cuando hay choque biológico.
Un ser humano típicamente tiene alrededor de 78 órganos, aunque esta cifra puede variar ligeramente dependiendo de la definición exacta de «órgano» que se utilice. Estos incluyen órganos internos como el corazón, los pulmones, el hígado, los riñones, el cerebro, el estómago, el intestino, entre otros, así como órganos externos como la piel.
Cada uno de estos órganos puede componerse a su vez de tejido de origen endodérmico, o mesodérmico o ectodérmico. Éstos diferentes tipos de tejidos se corresponden con su función. No es lo mismo un tejido, por ejemplo, mesodérmico de la dermis, que tejido ectodérmico de la epidermis, pues su función es distinta, aunque en conjunto, ambos tejidos forman el órgano de la piel.
Entonces, si erradicamos las hambrunas, la miseria, los golpes de frío intenso y constante en el hogar, si mejoramos esas condiciones de vida pues evitamos situaciones que naturalmente pueden ser conflictivas en términos biológicos, por lo que evitamos esos tipos de choques, desequilibrios de la supervivencia y por tanto, evitamos la necesidad activa de esos programas biológicos que conllevan tales síntomas curativos que conocemos como esas «enfermedades» concretas.
Pero no hemos erradicado la enfermedad. Si regresan esas condiciones de vida conflictivas, regresan las enfermedades, pues pertenecen al ser vivo, son nuestros mecanismos curativos ante tales desequilibrios.
Igualmente, si se crean nuevas condiciones de vida conflictivas a nivel biológico, aparecerán nuevos matices, modalidades, de nuevas enfermedades, pero lo nuevo no es la enfermedad. La enfermedad, en esencia, es siempre lo mismo: aquello que produce nuestra naturaleza para reequilibrar. Esta cualidad congénita viene «de fábrica», es esencial a la vida. Donde hay vida hay leyes biológicas, es una capacitación esencial de la propia vida, para, en caso de conflictuar, poder garantizar su existencia, permanencia. Cualidad de la vida es la supervivencia, las leyes biológicas nos explican cómo opera esta cualidad.
La enfermedad es la respuesta de esta cualidad intrínseca, connatural, cuando es necesaria. Erradicar la enfermedad, realmente, supondría erradicar la vida.
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Texto inspirado en publicación de Margarita Galaz.
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