Cuando Hamer presentó sus tesis, en Tübingen, una de la más antigua y prestigiosa universidad alemana, la tesis fue rechazada por motivos formales. No incluía bibliografía que respaldara su tesis. Hasta ese momento Hamer era reconocido y respetado en su círculo académico, siempre fue un alumno ejemplar, brilló, siendo el primero en su promoción. Pero lo acontecido involucrando al Príncipe de Saboya y la muerte de su hijo, cambió su vida y… la historia del conocimiento humano.
Un tanto exagerado eso de decir que ha cambiado la historia del conocimiento humano? No, Hamer descubre leyes de la naturaleza que operan, queramos o no, sepamos o no, en nosotros y en todos los seres vivos, antes, ahora y después de nosotros.
Gracias a sus descubrimientos podemos comprender qué es eso que llamamos enfermedad, que hay un sentido biológico en ello, que no son los microbios los causantes de la enfermedad y que todo responde a un diseño inteligente creado para la supervivencia.
Pero no hay bibliografía científica para los descubrimientos de Hamer, para la segunda ley habría que remontarse a Paracelso que hablaba de enfermedades frías y calientes, es decir, las dos fases de un mismo programa que la biología actual entiende como síntomas inconexos.
Lo que descubre Hamer siempre estuvo y estará, pero nunca antes se había descrito con tanta precisión. Se desconocían los llamados «Focos de Hamer», no se tenía a disposición el escáner cerebral, no se sabía qué es un DHS ni el concepto de choque biológico, se desconocía la relación funcional entre tejidos alterados, alteraciones del comportamiento y sus respectivos relés cerebrales, se desconocía las dos fases del programa y la participación del sistema nervioso autónomo en cada respectiva fase. Se desconocía el auténtico papel de los microbios.
Tumbar la tesis de Hamer por cuestiones formales ante la envergadura de los descubrimientos fue una excusa para no verse obligados a ser los validadores de los descubrimientos debido a las implicaciones que ello conlleva.
Contarle al mundo oficialmente que lo que se enseña en las universidades no es correcto. Que el paradigma en el que se basa la medicina no es correcto. Que el ingente poder económico y político que tienen las farmacéuticos se cae por completo. Que las relaciones humanas, nuestra forma de vivir, que el origen de la enfermedad está en los choques biológicos, todo ello es lo importante.
No es viable. Es uno de los mayores descubrimientos de la humanidad, la doctrina del shock evidencia que se tiene conocimiento y uso de estos descubrimientos, pero no pueden ser reconocidos mundialmente. Las vacunas y la medicalización desaparecen. La amenaza adquiere el sentido original que tiene, se revela la intención conflictiva biológica que tiene mantener la amenaza constante. Se termina el debate de género sobre la naturaleza de la homosexualidad y todo lo que hay alrededor, sobre los roles naturales de lo femenino y masculino. Se encamina al ser humano hacia su soberanía y liberación de la manipulación y control sociocultural. Es decir, la oligarquía desde el minuto 0 tiene claro que los descubrimientos de Hamer no pueden salir del enfoque magufo, seudocientífico, peligroso.
Para controlar la disidencia que instintiva o racionalmente comprende que algo sucede alrededor de este asunto se permiten las distorsiones de los descubrimientos de Hamer. Por eso es relativamente conocida la biodecodificación o similares pero no es posible conocer la fuente original de la distorsión. Crecen decenas de teorías disidentes que ponen el foco en causas externas, intoxicación, radiaciones, dietas, estilos de vida, gestión emocional, que no tocan la fuente, la verdad del asunto.
Pero lo descubierto, descubierto está.
La divulgación aunque sea a niveles de microinfluencia es determinante, es como sucede el cambio de paradigma.
El sistema no puede detener la expansión del conocimiento porque se da directamente de alguno a unos pocos.
Llegará un momento en que quienes pasen frío en la mitad de la noche de la ignorancia sean menos que los que duerman tranquilos al calor del fuego de la verdad. Ese día, los frioleros querrán también tener sus manos calientes.