Es común entre mis contactos que cuando leen que nombro la palabra «patriarcado» se les haga una úlcera en su retina pues no es una palabra que quieran leer. Lo entiendo.

De verdad que lo entiendo pues este concepto es utilizado por el globalismo para fomentar políticas de separación familiar, es decir, en nombre de un falso feminismo de Estado, es decir, globalista, se organizan políticas de separación mujer/hombre y por tanto destrucción del clan familiar que es el punto de origen de nuestra soberanía. Así que sí, lo entiendo.

Entiendo el uso y perversión de conceptos que hace el globalismo para separarnos y controlarnos. Es básico.
Pero el feminismo y la lucha por la recuperación de la soberanía de la mujer surge precisamente de mujeres individuales y colectivos no estatales, como pasa con todos los movimientos de recuperación de soberanía.

El Estado y su dueño el globalismo se encarga de fagocitar todo movimiento y concepto de origen libertario para ponerlo bajo control.
El papel político, social, comunitario, económico, en fin, vital de la mujer en las tribus, poblados y comunidades durante millones de años en la humanidad no tiene nada que ver con el actual.
El lugar de parto, dónde nacen y crecen y son atendidos los niños, quién da a luz, quiénes se encargan de criar determinaba el centro de toda actividad.
Ahora los niños pertenecen al Estado y los hospitales son el centro del que se inicia el control de todo.
Antes no, y quedan restos de ese «antes no» por todo el planeta y en la memoria de nuestros progenitores.
Igual que el globalismo promociona todo lo que sea un ocio individual, o alineante; un trabajo hiperjerárquizado en grandes empresas, cuanto más lejos del trabajo comunitario, mejor….
Igual que el globalismo promociona el consumismo compulsivo que nos vacía el alma…. a todos, hombres y mujeres sin distinción.
Igual que hay políticas de separación tribal para el hombre… hay una construcción que proviene de unos cuantos milenios atrás, basado en la fuerza física del hombre y la sumisión de la mujer contra su voluntad, por la fuerza.

Una construcción que desplaza a la mujer del centro, un centro no matriarcado, si no matrifocal, un centro que no proporciona una jerarquía de dominio de la mujer sobre el hombre, pues esa forma de entender el sistema, como una jerarquía de poder y sumisión quien la desarrolla es el hombre.
«Es que el patriarcado ha crecido gracias a la colaboración de la mujer.»
«Es que la construcción racista se sostiene gracias a la colaboración de los negros»
Este tipo de comentarios siempre salen para tratar de apartar la mirada del elefante enorme que pisotea la humanidad y que hace que las cosas no vayan bien para todos, distintas razas, hombres y mujeres.
«Solo somos una raza, hacer distinciones es racismo»
«Diferenciar hombre y mujer es discriminación»
Frases que generan balones fuera.
El hecho, volviendo a tema del «patriarcado» es que hay unos valores que pierden el norte y en lugar de hacernos bien nos hacen mal, a todos.

Aquel movimiento patriarcal, que se eleva sobre sí mismo, en el que la determinación del «esto se hace así por mis santos cojones», el «aquí mando yo y punto». «Esta es la verdad lo demás es pecado». Una actitud y una política basada en la fuerza, la imposición y la ausencia de diálogo.

Una actitud que ha perseguido y tomado bajo control todo aquello que el hombre no es capaz de hacer: tener hijos, comprenderlos, criarlos, el conocimiento y sabiduría que proporciona la naturaleza de la mujer.

Que sí, que ser hombre también proporciona maravillas…. pero obsérvese cómo la fuerza del hombre canalizada en una construcción erigida por hombres, que ningunea y desplaza a la mujer de su posición natural es un hecho cultural evidente que arrastramos durante milenios.
No verlo, querer esquivarlo, negarlo, sinceramente no va a facilitar las cosas.

No se trata de qe los hombres nos sintamos culpables de nacer hombres. Se trata de observar el paisaje, la cultura en la que crecemos, nuestro comportamiento, nuestro pensamiento, nuestra acción, seamos hombres o mujeres y ver en qué medida nuestra actitud, nuestras creencias provienen hasta qué punto de qué hormigón, quién puso ahí ese cemento, y si resulta que hay otro tipo de barro natural por debajo, otro tipo de cultura, civilización que no puede florecer por culpa del control globalista, uno de cuyos pilares, germen de todo autoritarismo, durante milenios, fue el patriarcado.