Y gritar, a los cuatro vientos
con un altavoz que traspase elementos
que no hay vacuna buena ni virus que sea patógeno.
Que ningún vacunado puede contagiar a nadie
ni puede desarrollar en sí mismo enfermedad viral alguna
dado que tales enfermedades por virus —no existen.
Que si bien, las alteraciones, en sí, son reales
no son éstas originadas por micropartículas patógenas
sino, más son, en su mayoría, fases
producto de choques biológicos
y no de esas teorías alucinógenas
habladoras de diablos causadores de males.
Ningún miedo tengamos al vacunado
no sintamos rechazo ni marginemos,
no son tóxicos sus besos
ni el sudor de su abrazo va a envenenarnos.
Fíjense, vuesas mercedes,
que miedo y distanciamiento humano,
separación entre congéneres,
son los objetivos del Belcebú armado
con mentiras que promueve entre
los bandos de un mismo lado,
siendo, las dos partes, una sola
ignorancia.
Mientras se desconoce que las enfermedades
etapas son, sin importar edades,
del proceso curativo,
hongos y bacterias coparticipan,
cooperantes mas no causantes.
¿Entonces? Ningún miedo a lo invisible
para el ojo humano has de tener.
Quiere la naturaleza que toda contienda
sea con contrincante que tus sentidos se aperciban.
Céntrate en quién es tu real enemigo
y estudia,
para que quien tuvo poder sobre ti algún día
nunca más de nuevo lo tenga.